Transcripciones de los estudios del evangelio de Juan

El apóstol Juan refleja a través del cuarto evangelio el anuncio profundo de que Yeshúa (Jesús) es el “principio” La Palabra de Dios encarnada como un ser humano para ser la luz de la vida en el mundo, una realidad que por supuesto, rebasa por mucho la capacidad de comprensión total para la mente finita del hombre. Sin embargo, es ahí donde la fe de los que creen sin haber visto se hace tangible en el hecho de creer, pero manifestado a través del propio testimonio de vida de los hombres.

                   El discípulo amado recibió de Yeshúa una revelación sobrenatural acerca de la profundidad de los conceptos que utilizó para proyectar la deidad de Jesucristo, haciendo referencia de la persona del Hijo de Dios como aquel que estuvo con el Padre desde antes de la creación de todas las cosas, esto es, el Génesis, una realidad que en repetidas ocasiones a lo largo del evangelio se hace evidente ante las expresiones que Él mismo hizo como “YO SOY, el que ha visto al Padre me ha visto a mí, Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” expresiones que revelan tanto su deidad como su unidad con el Padre.

                   Si bien es cierto que los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas proporcionan mucha información muy valiosa relacionada con el ministerio de Yeshúa y en ocasiones desde perspectivas distintas, el testimonio de Juan se diferencia por la gran profundidad con que el apóstol revela que Yeshúa es el cumplimiento de todas las profecías acerca del nuevo pacto por causa de haber sido el autor del mayor y más sublime sacrificio que selló para siempre la salvación de aquellos a los que vino a redimir a fin de tener una vida de paz en esta tierra, pero una vida gloriosa en la eternidad.

                   La doctrina de Jesucristo nos remonta al origen, a la enseñanza de las sendas antiguas que recibieron nuestros padres, pero con la gran oportunidad de recibir la capacidad sobrenatural y no de hombre, para entender y discernir lo que ha querido el Padre que su pueblo reciba desde lo más profundo de su corazón, su instrucción, como una forma de vida que hace a los hombres y a las mujeres de este siglo aptos para ser luz en un mundo de oscuridad y esa oportunidad la recibimos a través de la doctrina del Hijo de Dios, Yeshúa, una doctrina pura y sin mezclas, alejada de la soberbia y la vanagloria de quienes siguen el ejemplo de los fariseos que hacían cosas para ser vistos por los hombres, cosas que reprochó fuertemente Yeshúa. Por el contrario, Él dejó en claro que entre los hombres nadie debe ser llamado un gran maestro, sino que debemos reconocer solo a Yeshúa como nuestro Maestro, el único de quien debemos recibir una sana doctrina y en consecuencia, recibirla de los siervos fieles a su enseñanza y así transmitirla a los demás;

  • …Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí. Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque Uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos… Mateo 23:5-8)

                   El evangelio de Jesucristo a través del testimonio de Juan, es la señal evidente de que Dios cumplirá su promesa de un segundo y final éxodo en el fin de los tiempos, en el que el Israel amado será reunido de entre todas las naciones del mundo, pues para eso fue que vino su Hijo al mundo, para confirmarle a su pueblo el pacto anunciado por el Creador de los cielos y la tierra a través del profeta Jeremías:

  • Así ha dicho el Señor, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; YHWH de los ejércitos es su nombre: Si faltaren estas leyes delante de mí, dice el Señor, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente. 37 Así ha dicho el Señor: Si los cielos arriba se pueden medir, y explorarse abajo los fundamentos de la tierra, también yo desecharé toda la descendencia de Israel por todo lo que hicieron, dice YHWH … (Jeremías 31:35-36)