El libro de los hechos es la segunda parte de un volumen escrito por Lucas, como sabemos, el primer volumen conocido como el evangelio de Lucas describe la obra redentora de Yeshúa con todas las enseñanzas que recibieron los discípulos hasta el momento de su crucifixión. El segundo volumen escrito por Lucas consiste en los hechos que Yeshúa continua haciendo a través del Espíritu Santo y que a su vez obró en las vidas de los apóstoles y relata los acontecimientos sobrenaturales que continuarían dando testimonio de que Yeshúa había resucitado para estar a la diestra del Padre.
Sorprendentemente el libro de los hechos constituye una analogía profética respecto de los acontecimientos ocurridos en el Sinaí en donde Dios se manifestó a su pueblo, momento en que el Señor le entregó a Moisés los mandamientos que representaron las palabras de Dios que expresarían su voluntad como una forma de vida para que su pueblo viviera conforme a esa instrucción y no se apartara por un mal camino.
Por ello vemos en los primeros cinco libros de la biblia que Moisés constantemente le recuerda al pueblo que no olviden la instrucción de Dios que les ha sido entregada y desde entonces les anunció que en un futuro Dios levantaría a otro profeta que también transmitiría las palabras de Dios a su pueblo. De manera que así como Moisés constantemente hablaría al pueblo de Israel las palabras del Padre celestial, así lo haría aquel profeta que vendría, quien haría la misma función que Moisés, aunque investido de toda la autoridad del Padre, ése profeta fue Yeshúa.
Por ello el libro de los hechos comienza con el hecho de que después de haber resucitado Yeshúa, les dio un mandamiento a los apóstoles, ésa orden que recibieron fue para que no se fueran de Jerusalén porque en el día de Pentecostés recibirían un poder sobrenatural que les permitiría hacer los milagros que Yeshúa había hecho y con ello dieran testimonio de que los hechos de los apóstoles eran por causa de Yeshúa a través del Espíritu Santo.
Ésta sería la promesa del consolador cumplida y que daría origen a la reconstrucción del reino que fue dividido, pero ahora no por la capacidad humana, sino teniendo como cimiento la revelación de Jesucristo, sobre ese cimiento sería reedificado aquel tabernáculo caído de David, un reino (tabernáculo) construido de piedras vivas; de manera que ése sería el objetivo de los apóstoles, enseñar la revelación de Yeshúa a todas las personas con todo el propósito de que éste mensaje se difundiera hasta los confines de la tierra.
La manifestación del Espíritu Santo a través de un gran viento y llamas de fuego sobre las cabezas de los discípulos de Yeshúa provocaría que estos hablaran de las obras de Dios descritas en el antiguo testamento en idiomas que ni ellos mismos habían conocido antes y el hecho de que los que oían entendían lo que hablaban, era una muestra clara de que lo que la obra del Espíritu Santo estaba por iniciar llegaría hasta los confines de la tierra, a todas las razas y lenguas. Ésta manifestación sobrenatural en el día de Pentecostés representó el cumplimiento de la analogía profética de lo ocurrido en Sinaí; el viento fuerte que se sintió en Pentecostés fue una alusión de aquel sonido de trompeta que se escuchó fuertemente cuando el Señor descendió sobre aquel monte, así como el fuego que se vio en ambos eventos.
El viento y el fuego siempre se hicieron presentes ante la presencia divina en el tabernáculo y posteriormente en el templo de Jerusalén y la gloria del Señor llenaba el lugar, esto, como un hecho profético de que algún día Dios habitaría entre su pueblo. Es por ello que el libro de los hechos enfoca el hecho de que Dios estaría viviendo no en un templo o edificios, sino entre su pueblo y la prueba más clara de esto fue la destrucción del templo de Jerusalén. Bajo este contexto, entendemos mejor las promesas que Dios anunció a través de sus profetas de que cuando el Señor viniera reuniría a las doce tribus de Israel de entre todas las naciones del mundo.
En el proceso de los acontecimientos que describe Lucas podemos ver que las comunidades de creyentes en Yeshúa comenzaron a llevar a cabo el cumplimiento de los mandamientos de Dios y lo más maravilloso es que la forma en que cumplían los mandamientos era con un entendimiento renovado por causa de la revelación de Yeshúa a través de toda su enseñanza a los apóstoles. Solo por mencionar un ejemplo, vemos que los creyentes al entender las enseñanzas de los apóstoles que por supuesto eran enfocadas en las Palabras de Dios que estaban registradas en el antiguo testamento, comenzaron a vender sus propiedades y a traer el producto de las ventas a los apóstoles para que fuera repartido entre los que más necesitaban, esto era nada más y nada menos algo que debía estarse cumpliendo en el templo de Jerusalén, puesto que la ley de Moisés describe que parte de las ofrendas que eran traídas por el pueblo, los sacerdotes debían ocuparlas para ayudar a las viudas, los huérfanos y los extranjeros.
El templo que estaba siendo levantado en donde el Espíritu de Dios obraba se estaba esparciendo por todo el mundo. El tabernáculo caído de David estaba siendo levantado de todas estas piedras vivas y finalmente estaba cumpliendo el propósito que Dios quiso que el tabernáculo y el templo cumplieran, un lugar en donde se unen el cielo y la tierra.
Una de las funciones más importantes del Espíritu Santo es limpiar de las contaminaciones de impiedad a quienes están destinados para vida eterna y esa es la razón por la que Dios le dijo a Pedro que no llamara inmundo lo que Él ya ha limpiado, lo que significa que el capítulo 10 de Hechos habla de personas y no de animales, algo que después entendería Pedro como una regla acerca de que Dios no hace acepción de personas.
El libro de los hechos representa el inicio de la restauración de Israel anunciada por los profetas, un tiempo en el que Yeshúa está edificando un reino glorioso que aguarda su regreso…
En aquel día restauraré la casa caída de David.
Repararé sus muros dañados.
De las ruinas, la reedificaré
y restauraré su gloria anterior.
Israel poseerá lo que quede de Edom
y todas las naciones que he llamado a ser mías
El Señor ha hablado
y cumplirá estas cosas…
Amós 9:11-12
